domingo, 13 de septiembre de 2009

Cuartería rascuache

Pues bien mujer tengo que confesarte algo: desde hace tiempo pretendí ser lo que no soy, mostrarte lo que no tengo, aparentar la ausencia de mi autenticidad. La verdad es que soy un hombre sin recursos de una familia poco adinerada y que aún vive en una cuartería rascuache.
Sé que me has visto en autos último modelo o que mi ropa es de marca, producto nada más de la casualidad y de la riqueza de mis patrones quienes se esfuerzan por vestirme como una persona ordenada, pulcra y pudiente, la invitación que te hice para cenar fue un favor que un amigo mío del barrio me hizo a cambio de un porro que le había proporcionado de manera refrescante en un día de campo allá en Chapultepec y nada más que eso. Si reconozco que fuiste generosa con tu vestimenta y más aún con la manera en que actuaste para mí... pero recuerda vivo en una cuartería rascuache.
Te platicaré un poco acerca de ella: se encuentra localizada en el rincón más alejado del centro histórico, rodeada de altos edificios y ruidosos centros de servicio en donde encuentras desde ropa intima hasta desodorantes de segunda mano, mis vecinos son desde fayuqueros hasta profesionistas de oficina pasando por golpeadas amas de casa y hasta serviles homosexuales, las paredes de la cuartería se derrumban más por el paso de los años que por el hedor de la pobreza aunque el programa de rescate del centro histórico nos alcanzará para cambiarle el portón y los tendederos. Las ratas que me acompañan en cada noche disfrutan conmigo la cena diaria de café con conchas y las cucarachas se sirven con la cuchara del consomé de ayer.
Fíjate qué curioso, me acompaña un gato aventurero con grandes ojos oscuros y el pelambre gris que suele llegar después de una desvelada velada, lleno de manchas de sangre y rasguños provenientes de sus conocidos romances, se acerca a mi cama y me observa calladamente esperando que le obsequie un pedazo de la pierna de pollo de ayer o por lo menos un trago de leche semidescremada que compré en la pulpería de la esquina, lo cargo y siento su madeja de pelos entre mis brazos desnudos y esa caricia me recorre íntimamente hasta sentir el placer de cuidar a ese animal indefenso, ingrato y a la vez bueno para conmigo. le veo los oscuros ojos y le digo que le voy a complacer hasta el más mínimo detalle.
Como te imaginarás amor el hecho de vivir en una cuartería rascuache con olor a humedad y hedor a pobreza me debería de causar vergüenza, la realidad es que así es como vivo, en donde vivo y donde quisiera que vivieras conmigo, la parte buena es que no escasea el agua y el boiler funciona con calentadores de gasolina mismos que los vende Don Miguel a sólo dos cuartos de aquí. lo mejor de todo es que este humilde chofer desea que pases el resto de tu vida a su lado obviando el sofocante peso de la pobreza, en donde hay fiestas de cumbia todos los sábados y domingos de fútbol, novelas de media semana y noticias de que cada día tenemos un país mejor. Por la renta no te preocupes, a final de cuentas esta cuartería rascuache forma parte del programa de rentas congeladas del centro histórico y nuestro gobierno del cambio, moderno, progresista nos ayudará a salir adelante con ayuda del DIF, bonos de despensa popular y con suerte hasta te consigo una lanita para tu microchangarro.
Esperando con humilde deseo quedo de ti

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